CAPÍTULO 11
Yo no tenía ningunas
ganas de hablar de aquello. Ahora lo único que me apetecía era que Yunho se
fuese y me dejara a solas, para poder llorar tranquila. Quería dejar correr las
lágrimas y luego irme a dormir, y no despertar nunca. Pero estaba claro que él
no iría a ninguna parte hasta que hubiera recibido una explicación. Y Dios
sabía que yo le debía una.
Señalé torpemente una
silla al otro lado de la mesa auxiliar.
—Si no te importa...
me será más fácil hablar de esto si te sientas ahí.
Yunho sacudió la
cabeza. La única señal de emoción en su rostro era un leve ceño.
—No puedo —dijo con
voz ronca—. Creo que ya sé qué es lo que me vas a contar. Y no quiero estar
lejos de ti cuando lo expliques.
Aparté la mirada, y
me encogí un poco más dentro de su camisa. Estaba tan fuera de mí que cuando
empecé a hablar, las palabras me salieron a borbotones.
—Lo que acaba de
suceder era... Bueno, todo ha sido porque... todavía arrastro algunos problemas
debidos a mi matrimonio. Porque a veces a Siwon se... se le iba un poco la mano
conmigo.
Se hizo un silencio
sepulcral. Por mucho que lo intentara, seguía sin poder mirar a Yunho.
—Al principio sólo
fueron nimiedades —proseguí — pero luego todo fue empeorando. Lo que me llegaba
a decir Siwon, las exigencias... las bofetadas, los gritos, las maneras de
hacérmelo pagar. Yo no dejaba de perdonarlo, y él no dejaba de prometerme que
no volvería a hacerlo, pero lo hacía, y cada vez era peor que la anterior y él
siempre me culpaba por haber perdido los estribos. Siempre decía que la culpa
era mía. Y yo me lo creía. — Hablé y hablé. Se lo conté todo. Fue horrible.
Como si un tren estuviera descarrilando ante mis ojos y yo no pudiera impedir
la catástrofe, salvo que no sólo era el testigo, sino también el tren. Confesé
cosas que en un momento más cuerdo habría tenido la dignidad o el sentido común
de callarme. Pero era como si los filtros se hubieran volatilizado. Todas mis
defensas se habían derrumbado.
Él me escuchó con el
rostro vuelto hacia un lado, el perfil envuelto en sombras. Pero la tensión
había hecho presa en su cuerpo, y el bajorrelieve de músculos que yo veía en
sus brazos y hombros era más elocuente que nada de cuanto pudiera haber dicho.
Incluso llegué a
contarle mi última noche con Siwon, la violación, cómo luego me había echado de
casa, el trayecto descalza hasta el supermercado que había medio kilómetro
calle abajo. Mientras hablaba, me encogía de asco ante la sucesión de horrores
que le estaba contando.
Pero también hallaba
cierto alivio en hacerlo. Algo parecido a quitarse un peso de encima. Porque
sabía que, al revelar mi pasado, se estaba desvaneciendo cualquier posibilidad
de establecer una relación seria con Yunho. Ningún hombre querría tener que
afrontar aquello. Y en el fondo valía más así, porque era evidente que yo aún
no me encontraba en condiciones de mantener una relación.
Así que aquello era
la despedida.
—No pienses que
quería hacerte concebir falsas esperanzas —le dije—. Supe desde el principio
que estaba jugando con fuego, al suponer que podía llegar a haber algo entre
nosotros. Pero... —Me lloraban los ojos, y parpadeé frenéticamente y luego
seguí hablando a toda prisa—. Pero tú eres tan guapo y besas tan bien y la otra
noche te deseaba tanto que pensé que podría llegar hasta el final, pero llevo
demasiados traumas a cuestas y simplemente no puedo, no puedo.
Me callé. Mis ojos no
querían dejar de llorar. No se me ocurría qué más decirle, aparte de que podía
irse si quería. Pero él se levantó y fue hacia la chimenea y apoyó una mano en
la repisa. Clavó la mirada en el vacío.
—Voy por tu ex marido
—le oí decir en voz baja—. Y cuando haya acabado, no quedará de él suficiente
para llenar una caja de cerillas.
Yo había oído
amenazas más aparatosas y dichas en un tono mucho más estentóreo, pero nunca
una proferida con aquella tranquila sinceridad que me puso los pelos de punta.
Yunho me miró.
Palidecí al ver su expresión. No era la primera vez que estaba solo en una habitación
con un hombre que llevaba la muerte escrita en los ojos. Esta vez,
afortunadamente, la violencia no me tenía a mí por blanco. No obstante, me
inquietó.
—Siwon no merece que
nadie vaya a la cárcel por él —dije.
—Oh, no sé qué
decirte... —Me miró y advirtió que me estaba poniendo cada vez más nervioso,
así que procuró suavizar la expresión—. En el sitio donde crecí, «alguien
tenía que matarlo» es motivo de absolución.
Eso casi me hizo sonreír.
Aflojé los hombros, agotado por las consecuencias de mi catástrofe personal.
—Pero aunque lo
hicieras, eso no me cambiaría. Es como si algo se hubiera roto dentro de mí...
—Me sequé los ojos con una manga de la camisa—. Ojalá me hubiera acostado con
alguien antes de casarme con Siwon, porque así al menos habría tenido una buena
experiencia con el sexo. Tal como están las cosas, sin embargo...
Yunho no apartaba la
vista de mí.
—Aquella noche en la
reapertura del teatro... tuviste un vívido recuerdo cuando yo te estaba besando,
¿verdad? Por eso huiste como un gato escaldado.
Asentí con la cabeza.
—Algo hizo clic en mi
mente, y de pronto fue como si estuviera con Siwon, y sólo supe que tenía que
alejarme de allí o saldría muy malparado.
— ¿Siempre lo pasaste
mal con él?
Era mortificante,
hablar de mi patética vida sexual. Pero una vez llegados a ese punto ya no me
quedaba ni pizca de orgullo.
—Al principio no.
Pero cuanto más tiempo llevábamos casados, peor iban las cosas entre nosotros,
hasta que... Bueno, llegó un momento en que cuando lo hacíamos yo sólo contaba
los segundos que faltaban para acabar. Porque sabía que a Siwon le daba igual
si yo disfrutaba o no. Y a veces me dolía cuando yo estaba... Bueno, ya sabes,
seco. —Si fuese posible morir de vergüenza, en ese momento tendría que haber
estado en el depósito de cadáveres, esperando a que me hicieran la autopsia.
Yunho se sentó a mi
lado y apoyó un brazo en el respaldo. Yo me encogí ante su proximidad, pero no
podía apartar la vista de él. Estaba irresistiblemente viril con aquella
dichosa camiseta blanca, ese cuerpo tan largo y aquellos músculos bronceados
por el sol. Pensé que tenías que estar loco para no irte a la cama con un
hombre así.
—Supongo que ahora
todo ha acabado —dije, armándome de valor—. ¿Verdad?
— ¿Es eso lo que
quieres?
Se me hizo un nudo en
la garganta. Negué con la cabeza.
— ¿Qué es lo que
quieres, Jae?
— ¡Te quiero a ti!
—chillé, y las lágrimas volvieron a aflorar—. Pero no puedo tenerte.
Yunho se acercó un
poco más, me tomó la cabeza entre las manos y me obligó a mirarlo a los ojos.
—Jae, cariño… ya me
tienes.
Lo miré a través de
un velo de lágrimas. Sus ojos estaban llenos de furia y angustia.
—No voy a dejarte
—dijo——. Y no estás roto por dentro. Estás asustado, como lo estaría cualquiera
después de convivir con ese hijo de perra. —Una pausa, un juramento, un jadeo ahogado.
Una mirada penetrante—. Y ahora... ¿me dejarás abrazarte?
En un abrir y cerrar
de ojos, me encontré encima de su regazo sin ser consciente de haberme movido.
Él me rodeó con los brazos, acariciándome y tranquilizándome, y la sensación
fue tan deliciosa que casi deseé poder seguir llorando. Apoyé la boca en su
cuello, aspiré su fragancia y busqué con los labios el punto donde empezaba el
nacimiento de la barba.
El volvió su boca
hacia la mía, cálida y acogedora, y eso bastó para que la sangre volviera a correrme
en las venas y separase los labios, impaciente por darle la bienvenida.
Pero mientras
respondía a su beso, sentí la íntima presión de su virilidad contra mi vientre,
y me envaré.
Yunho echó la cabeza
atrás, el café de sus ojos como acero fundido.
— ¿Es esto? —Subió
las caderas, empujándome con el duro promontorio de su sexo—. ¿Sentirlo te pone
nervioso?
Me retorcí encima de
él y asentí con la cabeza, sonrojado. Pero no me moví, aunque ya me sentía
estremecido por la inquietud.
Las manos de Yunho me
siguieron los hombros y la espalda, acariciándome a través de la camisa.
— ¿Debería
acompañarte cuando vayas a visitar a la terapeuta? ¿Crees que eso te ayudaría?
Yo no podía creer que
estuviera dispuesto a hacer aquello por mí. Traté de imaginármelo, yo, Yunho y He
Yi discutiendo mis problemas sexuales, y acabé sacudiendo la cabeza.
—Quiero solucionarlo
ahora — dije con voz apremiante—. Vayamos... vayamos al dormitorio y hagámoslo.
Da igual lo que pueda decir yo o incluso que se me crucen los cables otra vez,
tú mantenme bien abrazado y sigue hasta el final y...
—No, demonios, nada
de eso —repuso con una consternación casi cómica—. Tú no eres un caballo al que
haya que acostumbrar a la silla de montar. No necesitas que se te fuerce, lo
que necesitas es...—Respingó cuando cambié de postura encima de su regazo—.
Cariño — dijo en un tono lleno de tensión—, se me hace difícil pensar cuando
noto que la sangre huye de mi cerebro para correr a otras partes del cuerpo.
Así que mejor siéntate a mi lado.
Un cálido palpitar
había empezado a latir allí donde se tocaban los cuerpos, que encajaban perfectamente.
Ya no me encontraba tan nervioso, ahora que había dispuesto de unos momentos para
acostumbrarme a la presencia de Yunho. Me acomodé sobre su regazo.
Él cerró los ojos e
hizo un sonido gutural. Vi cómo le subían los colores. Y sentí una rápida respuesta
en la firme presión que estaba notando debajo de mí.
Las pestañas de Yunho
se elevaron, sus ojos más cafes de lo habitual contra el moreno de su piel.
Clavó la mirada en la parte delantera de mi camisa —su camisa.
—Jae... —Su voz sonó
un poco ronca—. No vamos a hacer nada para lo que no te sientas preparado. Ve a
vestirte y te llevaré a cenar fuera. Ya lo decidiremos más tarde.
Pero más tarde era
demasiado tarde. Yo quería decidirlo allí, en ese momento. Sentía el calor que
irradiaba del cuerpo de Yunho y veía las gotitas de sudor que le perlaban el
cuello, y anhelé besarlo. Quería darle placer. Y por favor, Dios mío, quería
tener al menos un buen recuerdo con el que reemplazar uno de los malos.
—Yunho —dije
tímidamente—, ¿me permitirías un... un pequeño capricho?
Él sonrió. Extendió
las manos hacia mí y juntó los lados de la camisa, y luego me acarició el pelo
con el dorso de los dedos.
—Da igual lo grande
que sea —dijo—. Cuéntame qué es lo que quieres.
—Tengo la impresión
de que si fuéramos al dormitorio ahora mismo, y probáramos a hacer algunas
cosas, yo... yo podría aguantarlo con tal que lo hicieses muy despacio.
Su mano se detuvo.
— ¿Y si tienes otra
vivencia del pasado?
—No creo que me
afectara tanto como aquella noche, porque ahora te lo he contado todo y sé que
entiendes mi problema. Así que siempre puedo decírtelo si noto que empieza a
venirme el miedo.
Él me miró en
silencio.
— ¿Confias en mí, Jae?
—murmuró finalmente.
Sentí un enjambre de
nervios en el estómago, pero no me inmuté.
Sin otra palabra más,
Yunho me levantó de su regazo, me puso los pies en el suelo y me siguió al dormitorio.
Yo tenía una vieja
cama de latón, uno de esos modelos antiguos que pesan una tonelada y no se
mueven un centímetro por muchas vueltas que des en ellos. Las sábanas eran de
lino crema, y las almohadas estaban hechas con encajes tomados de antiguos
vestidos de boda. En el entorno de mi dormitorio, Yunho parecía aún más grande
y masculino que de costumbre.
Un acto tan normal,
dos personas que van a acostarse en la misma cama. Pero para mí estaba investido
de demasiado significado, demasiada emoción, demasiado todo.
El aire acondicionado
refrescaba el ambiente, los encajes de las almohadas temblando suavemente como
alas de mariposa bajo las aspas del ventilador de techo. Una antigua lámpara victoriana
derramaba su luz ambarina sobre la cama.
Traté de comportarme
con la mayor serenidad, sentándome en la cama y soltando los zapatos. Pensé que
ojalá no estuviera tan sobrio. Una copa de vino habría ayudado a relajarme un
poco. Quizá no fuera demasiado tarde. Quizá debería sugerir...
Yunho se sentó a mi
lado, extendió la mano hacia mi pie y acabó de ayudarme. Me apretó el pie
descalzo y pasó el pulgar por el arco antes de quitarme la otra sandalia. Luego
me rodeó con un brazo, y me inclinó lentamente hacia atrás hasta que quedamos
tendidos sobre la cama.
Esperé con todo el
cuerpo en tensión a que él empezara. Pero se limitó a tenerme abrazado, calentándome
con su cuerpo, un brazo alrededor de mi cuello. Una de sus manos bajó por mi espalda
y llegó hasta la cintura y las caderas, para luego subir lentamente hasta la
curva de mi cuello, acariciándome lentamente, como si yo fuera un animalito
asustadizo al que había que calmar. Y continuó así hasta que los preliminares
hubieron durado más tiempo que ninguno de los actos sexuales que yo había
practicado con Siwon.
Entonces habló con
los labios junto a mi pelo.
—Quiero que entiendas
que no corres ningún peligro. No voy a hacerte ningún daño. Y si hago algo que
tú no quieres que haga, o empiezas a sentirte asustado, pararé. No voy a perder
el control. —Me encogí cuando sentí un tirón en la parte delantera de mis
vaqueros y oí cómo el cierre era abierto—. Sólo voy a averiguar qué es lo que
te gusta.
Tensé los dedos sobre
su camiseta cuando las manos de él se aventuraron bajo la cinturilla aflojada
de mis vaqueros.
—Yo también quiero
averiguar qué es lo que te gusta.
—A mí me gusta todo,
querido —susurró él, al tiempo que iba desnudándome con tanto cuidado como si
estuviera quitando un vendaje—. Soy muy fácil de complacer, ya te lo he dicho.
Sentí su aliento como
una deliciosa quemadura en la piel cuando pasó los labios por encima de mi
cuello y mi pecho. Sabía lo que se hacía, y se tomó su tiempo.
—Relájate —murmuró
mientras deslizaba los dedos por mis miembros agarrotados por la tensión.
Tiré de su camiseta,
tratando de sacársela. Él me ayudó, apartando la delgada capa de algodón y
lanzándola al suelo. Su piel brillaba con un tenue resplandor canela sobre el
blanco antiguo de las sábanas de lino. Le rodeé el cuello con los brazos y lo
besé con un jadeo ahogado.
Yunho me acarició y
me exploró como si estuviera descubriendo hasta el último detalle de mi cuerpo.
Comprendí que estaba jugueteando conmigo, levantándome y dándome la vuelta, dejando
caer besos en sitios inesperados. Era tan fuerte, su cuerpo hermoso y ágil bajo
la tenue luz de la lámpara victoriana. Me puse encima de él y pasé la nariz y
la barbilla por la suavidad de su pectoral. Bajé los dedos hasta su estómago,
donde la piel era delicada como satén extendido sobre franjas musculares. Y más
abajo, hasta la cintura de sus vaqueros… y todavía más abajo, hasta esa parte
de él que tan nervioso me ponía.
Pendiente de mi
expresión, Yunho se recostó sobre la cama Y dejó que lo explorase a placer. Lo
toqué por encima de sus vaqueros, resiguiendo los contornos de su erección con
unos dedos que habían empezado a temblar. Su respiración se volvió
entrecortada, y sentí lo difícil que le resultaba refrenarse. Mis dedos fueron
hacia la base de su miembro, donde la carne se había apretado hasta quedar
rígida, y lo oí gruñir tenuemente. Un dardo de excitación me atravesó el cuerpo
cuando comprendí lo mucho que le gustaba que le hiciera aquello, y repetí el
gesto, pasando la palma por la tensa tela de sus vaqueros.
Una mezcla de risa y
gemido se le escapó de los labios.
—Intentas torturarme,
¿verdad?
Negué con la cabeza.
—Sólo intento
aprenderte.
Él me atrajo hacia su
pecho, guió mi cabeza hasta la suya y me dio otro de aquellos besos insaciables,
hasta que estuve subiendo y bajando al compás de su respiración como si flotara
entre olas. Luego bajó las manos hacia los vaqueros y se los desabrochó.
Titubeé y luego bajé
la mano para rodearle el miembro. Enseguida me quedó claro que aquella parte de
su cuerpo estaba proporcionada al resto. Era, como habría dicho Seung, todo un pedazo
de tío. Pero en lugar de acoger el descubrimiento con un aleluya, lo que hice
fue torcer el gesto.
—Tal vez seas
demasiado para mí —dije con voz dubitativa—. Ojalá pudiera empezar por algo más
pequeño e ir subiendo por la escala poco a poco.
—Me temo que en eso
no podré ayudarte, cariño —dijo él con voz ronca—. Este modelo no está
disponible en formato compacto. —Me giró y sentí su boca por toda mi espalda,
besándola y mordisqueándola suavemente a lo largo de la columna vertebral. Pero
entonces me quedé rígido cuando recordé que Siwon solía tomarme por atrás. Ésa
siempre había sido su posición favorita. Mi excitación se evaporó de golpe, y
un sudor frío me perló la piel.
Yunho me hizo girar
con delicadeza hasta tenerme de cara a él.
— ¿Asustado?
—murmuró, al tiempo que me pasaba la mano por el brazo.
Asentí con una mezcla
de derrota y frustración.
—Supongo que esa
postura, contigo detrás, me recuerda demasiado a... —Me callé, preguntándome si
alguna vez conseguiría sacarme de la cabeza a Siwon, si llegaría a olvidar lo
que me había hecho. Los malos recuerdos habían pasado a formar parte intrínseca
de mi cuerpo, y los llevaba entretejidos en cada nervio. Siwon me había
frustrado para siempre.
Yunho siguió
acariciándome el brazo. Ahora había una nueva distancia en su mirada, como si estuviera
dándole vueltas a algo en la cabeza. Comprendí que estaba pensando la mejor
manera de tratarme, cómo salvar mis defensas, y eso me hizo sentir avergonzado
y receloso al mismo tiempo.
Su mano se apartó de
mi brazo para ir hacia mi pecho, y sus dedos describieron lentos círculos en
torno a aquel pecho que Siwon solía despreciar.
Maldición. Estaba
claro que no iba a haber manera de que volviera a experimentar aquellas sensaciones
tan deliciosas de hacía sólo unos instantes. No podía dejar de pensar en mi ex marido,
o en mi incapacidad para disfrutar del sexo.
—Me temo que esto no
me está funcionando —logré murmurar finalmente—. Quizá deberíamos...
—Cierra los ojos
—murmuró él—. Estate quietecito.
Obedecí, apretando
las manos junto a los costados. La lámpara proyectaba un tenue resplandor
anaranjado a través de mis párpados. La boca de Yunho descendió por mi cuerpo, dejando
un reguero de besos hasta mi estómago. Su lengua se deslizó en la diminuta
hondonada del ombligo, y me moví nerviosamente en respuesta al contacto. Yunho me
puso la mano en la rodilla.
—Tranquilo —volvió a
susurrar. Su boca siguió bajando lentamente hasta llegar a un punto que hizo
que los ojos se me abrieran de golpe. Me estremecí y le empujé la cabeza con
las manos.
—Para —jadeé—. Ya
está bien, no puedo... —Me había ruborizado y no conseguía dejar de temblar.
Yunho levantó la
cabeza, y la suave luz ambarina de la lámpara se deslizó sobre su pelo como una
caricia líquida.
— ¿Te estoy haciendo
daño?
—No.
Me puso la mano sobre
el vientre y la movió en un lento y cálido círculo.
— ¿Te he asustado,
cariño?
—No; es sólo que...
Verás, resulta que es la primera vez que hago esto. — Siwon nunca había mostrado
el menor interés por ninguna actividad sexual que pudiera aumentar mi placer en
detrimento del suyo.
Yunho contempló mi
rostro arrebolado. Un nuevo destello que yo no había visto nunca apareció en
sus ojos.
— ¿No te apetece
probarlo? —musitó.
—Bueno..., algún día
de éstos, sí, supongo que sí. Pero primero me gustaría ir pasito a pasito. Creo
que debería acostumbrarme a los procedimientos habituales antes de pasar a la
fase avanzada... —Solté un gritito cuando él volvió a inclinarse sobre mí—.
¿Qué estás haciendo?
—Bueno, pues vete
pensando un plan para ir por pasos —dijo en voz baja—. Avísame cuando acabes de
ajustar los últimos detalles. Mientras tanto... —Rio suavemente, divertido por
mi apuro.
No cabía duda: me
había ido a la cama con el mismísimo demonio.
Volví a chillar
cuando vi que ponía las manos sobre mis muslos y los separaba.
—Dame unos minutos
—dijo con voz persuasiva.
—No se trata de un
punto negociable.
— ¿Por qué no?
—Porque... —me
retorcí nerviosamente y respiré hondo— porque estoy que me muero de vergüenza.
Yo... No, Yunho, hablo en serio, esto es... —Me quedé en blanco cuando lo sentí
lamer aquel mi miembro, tremendamente vulnerable. Conseguí empujarle la cabeza
con la mano, pero no había forma de que se apartara—. Yunho...
Volví a intentarlo,
pero sus delicados lametones pudieron más que mi entumecimiento, y el placer
que sentí en ese momento fue tan intenso que por unos segundos fui incapaz de
pensar o de moverme. Yunho siguió martirizándome, utilizando la punta de la
lengua, y luego respiró suavemente, esparciendo su aliento sobre la piel
lubricada. El corazón me latía tan deprisa que apenas oí su susurro burlón a
través del pulso que sentía retumbar en las sienes.
— ¿Todavía quieres
que pare, Jae?
Yo tenía los ojos llorosos.
Era como estar atrapado en una telaraña de placer, suspendido en un vacío estremecido
que no llegaba a bastarme.
—No —susurré—. No
pares. —Me sorprendió la forma en que sonó mi voz, tan gutural.
Y me quedé todavía
más sorprendido por el grito que se me escapó cuando él deslizó un dedo en mi entrada,
y luego añadió un segundo dedo, tensando delicadamente aquella blandura, mientras
sus labios exploraban mi miembro. La sensación fue devastadora, y subí las caderas
para volver a dejarlas caer un instante después. Pero el clímax se negaba a
dejarse atrapar, y se me escurría entre los dedos cuando ya creía tenerlo.
—No puedo —gemí—. No
logro...
—Claro que puedes. Lo
único que tienes que hacer es dejar de obstinarte tanto.
—Pero es que no
puedo...
Entonces sus malvados
dedos iniciaron un lento movimiento de entrada y salida. Prorrumpí en sollozos
cuando algo creció vertiginosamente en mi interior, como si la carne se me
rasgara por dentro y luego volviera a unirse de golpe. Los dedos de Yunho
profundizaron un poco más. Su lengua iba y venía rítmicamente, y su boca... su
boca... De súbito fue como si una riada incontenible se desbordara en mi
interior, con cada latido, cada respiración y cada impulso astutamente guiados
hacia un estallido de convulsiones. Arqueé el cuerpo bajo la abrumadora presión
de aquel placer tan intenso, mis manos crispadas en torno a la cabeza de Yunho.
Él metió los dedos lo
más adentro posible y su lengua describió un círculo para atrapar las últimas
sacudidas del clímax. Cuando su delicioso contacto me fue retirado, gimoteé y
extendí las manos para apremiarlo a que se me pusiera encima. Él me tendió
sobre el costado y me rodeó con los brazos, y besó las huellas de lágrimas que
había en las comisuras de mis ojos.
Nos quedamos
inmóviles durante unos segundos, mis pies descalzos entre los suyos, su mano una
suave calidez encima de mi trasero. Sentí el anhelo agazapado bajo la
inmovilidad de Yunho, como esa calma engañosa que reina en los rodeos por unos
momentos antes de que el animal salga disparado del recinto en una frenética
acometida. Mi mano fue lentamente hacia la cintura de sus vaqueros
desabrochados.
—Quítatelos —susurré.
Yunho sacudió la
cabeza, la respiración aún entrecortada.
—Ya está bien por una
noche. Dejémoslo ahora que todavía estamos a tiempo.
— ¿Dejarlo? —Me quedé
atónito—. No, de eso ni hablar. —Le besé el pecho, embelesado por la firme
textura masculina de su piel y el roce en mis labios—. Si no me haces el amor,
Jung Yunho, nunca te lo perdonaré.
—Te he hecho el amor.
—Hasta el final
—insistí.
—Todavía no estás
preparado para eso.
Cerré la mano alrededor
de su miembro y pasé los dedos por la sedosa longitud de aquel miembro duro
como el hierro.
—No puedes dejarme
así—le espeté—. Eso sería terrible para mi autoestima.
Le pasé la yema del
pulgar por el glande, describiendo lentos círculos que no tardaron en hacer que
se humedeciera. Un gemido ahogado escapó de sus labios y apretó la boca contra
mi pelo. Luego bajó la mano y me apartó los dedos. Pensé que iba a decirme que
parara, pero murmuró:
—Tengo la cartera en
la cocina. Iré a cogerlo.
Entendí a qué se
refería.
—No hace falta que
usemos preservativo. Me estoy cuidando.
Él levantó la cabeza
y me miró. Yo me encogí de hombros, sintiéndome un poco incómodo.
—Siwon no quería que
yo tomara anticonceptivos, así que el tomarlos acabó convirtiéndose en una forma
de demostrarme a mí mismo que podía salirme con la mía en algo. Me siento más
dueño de la situación... más seguro... cuando tomo la píldora. Y el ginecólogo
me ha dicho que puedo tomarla sin ningún temor. Así que no me la salto ningún
día. Estaremos del todo a cubierto, créeme. Incluso si no utilizamos ningún
otro tipo de protección.
Yunho se incorporó en
la cama, apoyó el peso sobre un codo y me miró desde arriba.
—Nunca lo he hecho
sin preservativo.
— ¿Nunca? —me
asombré.
Él sacudió la cabeza.
—No quería
arriesgarme a un posible embarazo. No quería tener que hacer frente a esa responsabilidad.
Siempre me he jurado que, si llegaba a tener hijos, no me olvidaría de ellos
como hizo mi padre.
— ¿Nunca has estado
con ningun hombre que se cuidara?
—Incluso entonces,
siempre me ponía un preservativo. Nunca he sido partidario del método
fíate-de-él.
Algunos hombres quizá
se habrían sentido ofendidos al oír aquello, pero yo entendía muy bien cuán
delicado era depositar tu confianza en otra persona.
—Me parece muy bien
—dije, al tiempo que me estiraba para besarle la barbilla—. Hagámoslo a tu
manera.
Sin embargo, Yunho no
se movió. Siguió mirándome con aquellos ojos tan vívidos, y sentí que algo
íntimo y visceral florecía entre nosotros, una sensación de estar unidos por un
vínculo intangible que me resultó un poco alarmante. Era como si todos los
ritmos de ambos cuerpos acabaran de sincronizarse con un metrónomo invisible.
—Tú me otorgaste tu
confianza —dijo —. Lo menos que puedo hacer es confiar en ti.
Me tendí boca arriba
y empecé a respirar más deprisa, y a él le sucedió lo mismo.
Se apretó contra mí.
Sus movimientos no podían ser más tiernos y delicados, pero aun así yo no podía
evitar sentir el poderío y el peso de su cuerpo, y me tensé. Yunho empezó a
moverse con más ímpetu hasta que ambos sentimos la suave tensión de la carne, y
la suavidad fue reemplazada por la dureza. Yo, acogiéndolo en mi interior, abriéndome a él. Sus ojos café adquirieron una expresión
adormilada, súbitamente velados por el placer, y sus pestañas proyectaron
tenues sombras oscuras sobre sus mejillas. Yunho fue entrando en mí centímetro
a centímetro, siempre muy despacio y dándome tiempo para ir adaptándome a su
presencia, para que me fuera posible dar
acomodo a aquella poderosa invasión. Giré la cara hacia su brazo, la mejilla
apretada contra sus músculos. Cuando pensaba que ya no me quedaba más espacio
disponible, Yunho me hizo subir las rodillas y las separó un poco, y luego
entró un poco más. Húmedo y apretado, mi entrada lo recibió en una lúbrica
acogida. Vi cómo el deseo era sustituido por la preocupación en su rostro. Me encantó
la forma en que me miraba, como si quisiera comerme con los ojos.
Me removí, un poco
incómodo con toda aquella virilidad dentro de mí, y Yunho se estremecióy
murmuró:
—Oh, Dios, por favor,
no te muevas Jae, por favor...
— ¿Te gusta?
—susurré.
Él sacudió la cabeza
mientras trataba de respirar. Había enrojecido tanto que por un momento pensé
que tenía fiebre.
— ¿No? —pregunté.
—Hace media hora ya
me gustaba —jadeó, la voz tan pastosa como si acabara de tomarse diez chupitos
de tequila—. Quince minutos después de eso pensé que iba a morir de gusto, y ahora...
Bueno, yo diría que estoy teniendo un infarto.
Sonreí, atraje su
cabeza hacia la mía y susurré:
— ¿Qué se supone que
viene cuando hayas acabado de tener el infarto?
—No estoy seguro.
—Con un jadeo sibilante, dejó caer la cabeza sobre la almohada a mi lado—.
Diablos —dijo con desesperación—, no sé si voy a poder aguantarme.
Le pasé las manos por
los costados, la espalda, los músculos tensos.
—No te aguantes.
Él empezó a moverse
con un ritmo lento y mesurado, extrayendo placer de aquel canal íntimo que
literalmente nos unía. Una de sus acometidas dio en un punto extremadamente sensible,
allá en lo más profundo de mi entrada, y al mismo tiempo su cuerpo se apretó
contra la parte delantera del mío justo en el ángulo adecuado. Un tintineo de
puro deleite me recorrió de arriba abajo. Solté un grito de sorpresa e hinqué
los dedos en sus caderas.
Él levantó la cabeza
y les sonrió a los ojos muy abiertos con que lo estaba contemplando.
— ¿He dado con el
décimo de la suerte? —susurró, y luego lo hizo de nuevo, y una vez más, para mi
bochorno, no pude estarme quieto, y los gemidos me subieron por la garganta
hasta que mis caderas se estremecieron contra las suyas.
Esta vez los espasmos
no fueron tan intensos, pero sí prolongados y lentos, y los músculos de mi entrada
no dejaron de tirar del miembro de Yunho hasta que eyaculó. Él amortiguó los
sonidosde placer contra mi boca, y me besó y besó y besó, parando sólo cuando
ambos estuvimos completamente agotados y sin aire.
Después de eso me
entró una somnolencia irresistible. Pasé un rato adormilado, con el miembro de Yunho
todavía dentro, y descubrí que dormir tras haber practicado el sexo era casi mejor
que el sexo en sí. Finalmente desperté con su miembro tieso todavía en mi
interior, no moviéndose sino como incrustado, y sus manos parecían estar por
todas partes al mismo tiempo, acariciándome y dándome masaje. Me quedé acostado
de lado, una pierna pasada por encima de su cadera. Quería que él se moviera,
lo necesitaba, pero me mantuvo empalado e inmóvil. Le apreté el bíceps, el
hombro, tratando de que se pusiera encima de mí. Él no se dio por enterado,
dejando que me debatiera como una mariposa clavada en un alfiler.
—Yunho... —musité,
bañado en sudor—. Por favor...
— ¿Por favor qué? —Me
lamió la boca, primero el labio superior y luego el inferior.
Me mecí contra él y
liberé mi boca el tiempo suficiente para decir con un jadeo entrecortado:
—Ya
lo sabes.
Él me besó el cuello.
Sentí la curva de su sonrisa. Sí, claro que lo sabía. Pero siguió manteniéndome
apretado contra su cuerpo mientras yo tensaba los músculos, buscando aquel intenso
palpitar que sentía latir en su miembro. Finalmente respondió a mis esfuerzos
con un suave empujón de caderas, más la sugerencia de un movimiento que una
cadencia propiamente dicha. Pero bastó. Me impulsó más allá del punto decisivo,
haciendo que me contrajera para capturar la sensación, y me corrí en una serie
de estremecimientos. Yunho volvió a embestirme con las caderas y luego se
mantuvo inmóvil en esa postura, colmándome de un delicioso calor.
Siguió besándome
después del clímax, sus labios absortos en un tierno vagabundeo mientras sus
dedos recorrían mi barbilla, mis mejillas y mi cuello. Pasado un rato me hizo
levantar de la cama y me llevó a la ducha. Sintiéndome como drogado, me apoyé
en él mientras me lavaba. Sus manos me enjabonaron con una inmensa delicadeza,
y luego me quitaron el jabón con ayuda del agua. Resbaladiza y velada en vapor,
apoyé la mejilla en su duro pecho. Él bajó la mano y metió dos dedos en mi interior.
Yo aún lo un poco dolorido, pero la sensación resultó tan deliciosa que no pude
evitar adelantar las caderas. Una especie de gorjeo vibró en la garganta de
Yunho, y su pulgar giró delicadamente alrededor de mi miembro. Con suma
habilidad, me llevó a otro clímax, mientras el chorro de agua caliente corría
por mi cuerpo y su boca devoraba la mía.
Apenas me enteré de que
me secaba y volvía a llevarme a la cama, y lo único que supe fue que estaba
conciliando el sueño con la sólida presencia de Yunho a mi lado.
Pero un rato después
desperté de una pesadilla, mi cuerpo alarmado por la certidumbre de que había
un hombre dormido junto a mí. Di un respingo y por un momento pensé que estaba
con Siwon, que no había logrado escapar después de todo. Entonces hubo un
movimiento a mi lado, un cuerpo masculino que cambiaba de postura, y tragué
aire con un jadeo ahogado.
—Jae —murmuró una voz
grave. Oírla me calmó de golpe—. ¿Has tenido una pesadilla? — Su voz, opacada
por el sueño, era suave como el terciopelo.
—Ajá.
La palma de su mano
describió un círculo sobre mi pecho para calmar mi corazón desbocado.
Suspiré, y me quedé
quieto entre sus brazos. Yunho bajó hacia mi pecho para besar los pezones
erectos. Le rodeé la cabeza con los brazos, su pelo un suave cosquilleo en mis
muñecas. Su boca siguió bajando lentamente por mi cuerpo. Doblé las rodillas, y
sentí que sus manos me rodeaban los tobillos como dos cálidos grilletes Incluso
en la oscuridad del dormitorio, podía ver la anchura de sus hombros y la
silueta de su cabeza, anclada entre mis muslos. Me lamió sin ninguna prisa,
saciándome de placer hasta que volví a temblar en una larga serie de estremecimientos.
Y cuando me quedé
dormido, esta vez no hubo malos sueños.
aaaaaaaaaaaaaaaaah no es un amor yunho le esta tratando con cariño y mucho amor así quien no se olvida de los horribles traumas que tenia
ResponderEliminaryunho es un muy buen terapeuta yo quiero uno así los amo
a ese par de calenturientos :)
wow que bueno que hayas actualizado .... muchas gracias :) no lo esperaba tan pronto estoy que salto de felicidad ....
ResponderEliminarYunho que lindo, de verdad esta tratando de ayudar a Jae con su mala experiencia.... y al parecer poco a poco Jae esta comenzando a dejar atras sus experiencias traumaticas.
Ahora solo esta en Jae aceptar en su vida a Yunho para que lo ayude y lo ame
Oh mi dios! Yunho fue tan dulce y paciente, la forma en que trató a Jaejoong fue lo que lo hizo bajar las defensas del mismo, el simple hecho de procurar el placer de su pareja marcó totalmente la diferencia entre él y siwon. Muy hot este capítulo
ResponderEliminarwow hermoso capitulo
ResponderEliminaral fin jae le conto todo a yunho, y yunho tan lindo con mucho amor y delicadezq le esta ayudando a sobreponerse de la pesadilla horrible que vivio
en verdad yunho ama a jae y eso ya se lo demostro
que lindos los dos
gracias x l actua
Awwwwwwww Yunho es un amor!!!!!!!
ResponderEliminarMe encanto la forma en como lo trató, como lo hizo disfrutar del encuentro!!!
Solo una peticion... Yunho me podria tratar asi tambien? xDD
owwww al fin los dos juntos y revueltos
ResponderEliminargracias por el capi continuare leyendo m,m
Esta que paso!! Wa yunho fue tan tierno y lindo enserio se ve que esta que vuela por Jae gracias d subir el fic ^^
ResponderEliminarOMG! (*w*) que lindo capitulo!!
ResponderEliminarYunho es un amor! fue tan tierno , amoroso y paciente.. yo quiero uno igual! XD!
Me alegro mucho por jaejoong :3
Woooo Como lo pude dejar a media eata historia
ResponderEliminarYunho a sido una gran ayuda para que pueda olvidar el doloroso pasado hahah XD
creo que al final le acabara gustando a Jae <3
Al final resultó efectivo el método de Yunho XD
ResponderEliminarque ternura la de yunho *o*
ResponderEliminarkyaaaaaaa lo hicieron al fin! Y Jae pudo superar esa etapa :3 Yunho le ayudo en todo momento con cariño y ternura....
ResponderEliminarPor fin Jae va olvidándose de sus fantasmas. Espero ya no tengan problemas
ResponderEliminarayyyy ,tan dulces. están tan enamorados. y Yunho es tan gentil y tierno con Jae.
ResponderEliminarcómo es que no se dan cuenta del amor que se tienen??? son perfectos juntos.
amé la paciencia y delicadeza que Yunho puso en hacerle el amor a un traumatizado Jae.
amé este capítulo. muchas gracias
Estuvo sublime este capítulo...El sexo puede ser romántico y curativo... Eso nos enseñó Yunho...Me encantó cómo se comporto.....
ResponderEliminarOhhh se me eriza la piel Yunho tan hermoso y cariñoso,,,,gracias
ResponderEliminarCuantos hechos traumaticos para ambos, de diferentes maneras pero traumaticos, pero ambos lo han y están superando poco a poco. Que lindo es Yunho, ahora les falta ir por sus cosas de Jae, sobre todo por su pulsera.
ResponderEliminarGracias!!! 💗💕💞