viernes, 11 de abril de 2014

El diablo tiene ojos cafes: Capítulo 11

CAPÍTULO 11


Yo no tenía ningunas ganas de hablar de aquello. Ahora lo único que me apetecía era que Yunho se fuese y me dejara a solas, para poder llorar tranquila. Quería dejar correr las lágrimas y luego irme a dormir, y no despertar nunca. Pero estaba claro que él no iría a ninguna parte hasta que hubiera recibido una explicación. Y Dios sabía que yo le debía una.
Señalé torpemente una silla al otro lado de la mesa auxiliar.
—Si no te importa... me será más fácil hablar de esto si te sientas ahí.
Yunho sacudió la cabeza. La única señal de emoción en su rostro era un leve ceño.
—No puedo —dijo con voz ronca—. Creo que ya sé qué es lo que me vas a contar. Y no quiero estar lejos de ti cuando lo expliques.
Aparté la mirada, y me encogí un poco más dentro de su camisa. Estaba tan fuera de mí que cuando empecé a hablar, las palabras me salieron a borbotones.
—Lo que acaba de suceder era... Bueno, todo ha sido porque... todavía arrastro algunos problemas debidos a mi matrimonio. Porque a veces a Siwon se... se le iba un poco la mano conmigo.
Se hizo un silencio sepulcral. Por mucho que lo intentara, seguía sin poder mirar a Yunho.
—Al principio sólo fueron nimiedades —proseguí — pero luego todo fue empeorando. Lo que me llegaba a decir Siwon, las exigencias... las bofetadas, los gritos, las maneras de hacérmelo pagar. Yo no dejaba de perdonarlo, y él no dejaba de prometerme que no volvería a hacerlo, pero lo hacía, y cada vez era peor que la anterior y él siempre me culpaba por haber perdido los estribos. Siempre decía que la culpa era mía. Y yo me lo creía. — Hablé y hablé. Se lo conté todo. Fue horrible. Como si un tren estuviera descarrilando ante mis ojos y yo no pudiera impedir la catástrofe, salvo que no sólo era el testigo, sino también el tren. Confesé cosas que en un momento más cuerdo habría tenido la dignidad o el sentido común de callarme. Pero era como si los filtros se hubieran volatilizado. Todas mis defensas se habían derrumbado.
Él me escuchó con el rostro vuelto hacia un lado, el perfil envuelto en sombras. Pero la tensión había hecho presa en su cuerpo, y el bajorrelieve de músculos que yo veía en sus brazos y hombros era más elocuente que nada de cuanto pudiera haber dicho.
Incluso llegué a contarle mi última noche con Siwon, la violación, cómo luego me había echado de casa, el trayecto descalza hasta el supermercado que había medio kilómetro calle abajo. Mientras hablaba, me encogía de asco ante la sucesión de horrores que le estaba contando.
Pero también hallaba cierto alivio en hacerlo. Algo parecido a quitarse un peso de encima. Porque sabía que, al revelar mi pasado, se estaba desvaneciendo cualquier posibilidad de establecer una relación seria con Yunho. Ningún hombre querría tener que afrontar aquello. Y en el fondo valía más así, porque era evidente que yo aún no me encontraba en condiciones de mantener una relación.
Así que aquello era la despedida.
—No pienses que quería hacerte concebir falsas esperanzas —le dije—. Supe desde el principio que estaba jugando con fuego, al suponer que podía llegar a haber algo entre nosotros. Pero... —Me lloraban los ojos, y parpadeé frenéticamente y luego seguí hablando a toda prisa—. Pero tú eres tan guapo y besas tan bien y la otra noche te deseaba tanto que pensé que podría llegar hasta el final, pero llevo demasiados traumas a cuestas y simplemente no puedo, no puedo.
Me callé. Mis ojos no querían dejar de llorar. No se me ocurría qué más decirle, aparte de que podía irse si quería. Pero él se levantó y fue hacia la chimenea y apoyó una mano en la repisa. Clavó la mirada en el vacío.
—Voy por tu ex marido —le oí decir en voz baja—. Y cuando haya acabado, no quedará de él suficiente para llenar una caja de cerillas.
Yo había oído amenazas más aparatosas y dichas en un tono mucho más estentóreo, pero nunca una proferida con aquella tranquila sinceridad que me puso los pelos de punta.
Yunho me miró. Palidecí al ver su expresión. No era la primera vez que estaba solo en una habitación con un hombre que llevaba la muerte escrita en los ojos. Esta vez, afortunadamente, la violencia no me tenía a mí por blanco. No obstante, me inquietó.
—Siwon no merece que nadie vaya a la cárcel por él —dije.
—Oh, no sé qué decirte... —Me miró y advirtió que me estaba poniendo cada vez más nervioso, así que procuró suavizar la expresión—. En el sitio donde crecí, «alguien tenía que matarlo» es motivo de absolución.
Eso casi me hizo sonreír. Aflojé los hombros, agotado por las consecuencias de mi catástrofe personal.
—Pero aunque lo hicieras, eso no me cambiaría. Es como si algo se hubiera roto dentro de mí... —Me sequé los ojos con una manga de la camisa—. Ojalá me hubiera acostado con alguien antes de casarme con Siwon, porque así al menos habría tenido una buena experiencia con el sexo. Tal como están las cosas, sin embargo...
Yunho no apartaba la vista de mí.
—Aquella noche en la reapertura del teatro... tuviste un vívido recuerdo cuando yo te estaba besando, ¿verdad? Por eso huiste como un gato escaldado.
Asentí con la cabeza.
—Algo hizo clic en mi mente, y de pronto fue como si estuviera con Siwon, y sólo supe que tenía que alejarme de allí o saldría muy malparado.
— ¿Siempre lo pasaste mal con él?
Era mortificante, hablar de mi patética vida sexual. Pero una vez llegados a ese punto ya no me quedaba ni pizca de orgullo.
—Al principio no. Pero cuanto más tiempo llevábamos casados, peor iban las cosas entre nosotros, hasta que... Bueno, llegó un momento en que cuando lo hacíamos yo sólo contaba los segundos que faltaban para acabar. Porque sabía que a Siwon le daba igual si yo disfrutaba o no. Y a veces me dolía cuando yo estaba... Bueno, ya sabes, seco. —Si fuese posible morir de vergüenza, en ese momento tendría que haber estado en el depósito de cadáveres, esperando a que me hicieran la autopsia.
Yunho se sentó a mi lado y apoyó un brazo en el respaldo. Yo me encogí ante su proximidad, pero no podía apartar la vista de él. Estaba irresistiblemente viril con aquella dichosa camiseta blanca, ese cuerpo tan largo y aquellos músculos bronceados por el sol. Pensé que tenías que estar loco para no irte a la cama con un hombre así.
—Supongo que ahora todo ha acabado —dije, armándome de valor—. ¿Verdad?
— ¿Es eso lo que quieres?
Se me hizo un nudo en la garganta. Negué con la cabeza.
— ¿Qué es lo que quieres, Jae?
— ¡Te quiero a ti! —chillé, y las lágrimas volvieron a aflorar—. Pero no puedo tenerte.
Yunho se acercó un poco más, me tomó la cabeza entre las manos y me obligó a mirarlo a los ojos.
—Jae, cariño… ya me tienes.
Lo miré a través de un velo de lágrimas. Sus ojos estaban llenos de furia y angustia.
—No voy a dejarte —dijo——. Y no estás roto por dentro. Estás asustado, como lo estaría cualquiera después de convivir con ese hijo de perra. —Una pausa, un juramento, un jadeo ahogado. Una mirada penetrante—. Y ahora... ¿me dejarás abrazarte?
En un abrir y cerrar de ojos, me encontré encima de su regazo sin ser consciente de haberme movido. Él me rodeó con los brazos, acariciándome y tranquilizándome, y la sensación fue tan deliciosa que casi deseé poder seguir llorando. Apoyé la boca en su cuello, aspiré su fragancia y busqué con los labios el punto donde empezaba el nacimiento de la barba.
El volvió su boca hacia la mía, cálida y acogedora, y eso bastó para que la sangre volviera a correrme en las venas y separase los labios, impaciente por darle la bienvenida.
Pero mientras respondía a su beso, sentí la íntima presión de su virilidad contra mi vientre, y me envaré.
Yunho echó la cabeza atrás, el café de sus ojos como acero fundido.
— ¿Es esto? —Subió las caderas, empujándome con el duro promontorio de su sexo—. ¿Sentirlo te pone nervioso?
Me retorcí encima de él y asentí con la cabeza, sonrojado. Pero no me moví, aunque ya me sentía estremecido por la inquietud.
Las manos de Yunho me siguieron los hombros y la espalda, acariciándome a través de la camisa.
— ¿Debería acompañarte cuando vayas a visitar a la terapeuta? ¿Crees que eso te ayudaría?
Yo no podía creer que estuviera dispuesto a hacer aquello por mí. Traté de imaginármelo, yo, Yunho y He Yi discutiendo mis problemas sexuales, y acabé sacudiendo la cabeza.
—Quiero solucionarlo ahora — dije con voz apremiante—. Vayamos... vayamos al dormitorio y hagámoslo. Da igual lo que pueda decir yo o incluso que se me crucen los cables otra vez, tú mantenme bien abrazado y sigue hasta el final y...
—No, demonios, nada de eso —repuso con una consternación casi cómica—. Tú no eres un caballo al que haya que acostumbrar a la silla de montar. No necesitas que se te fuerce, lo que necesitas es...—Respingó cuando cambié de postura encima de su regazo—. Cariño — dijo en un tono lleno de tensión—, se me hace difícil pensar cuando noto que la sangre huye de mi cerebro para correr a otras partes del cuerpo. Así que mejor siéntate a mi lado.
Un cálido palpitar había empezado a latir allí donde se tocaban los cuerpos, que encajaban perfectamente. Ya no me encontraba tan nervioso, ahora que había dispuesto de unos momentos para acostumbrarme a la presencia de Yunho. Me acomodé sobre su regazo.
Él cerró los ojos e hizo un sonido gutural. Vi cómo le subían los colores. Y sentí una rápida respuesta en la firme presión que estaba notando debajo de mí.
Las pestañas de Yunho se elevaron, sus ojos más cafes de lo habitual contra el moreno de su piel. Clavó la mirada en la parte delantera de mi camisa —su camisa.
—Jae... —Su voz sonó un poco ronca—. No vamos a hacer nada para lo que no te sientas preparado. Ve a vestirte y te llevaré a cenar fuera. Ya lo decidiremos más tarde.
Pero más tarde era demasiado tarde. Yo quería decidirlo allí, en ese momento. Sentía el calor que irradiaba del cuerpo de Yunho y veía las gotitas de sudor que le perlaban el cuello, y anhelé besarlo. Quería darle placer. Y por favor, Dios mío, quería tener al menos un buen recuerdo con el que reemplazar uno de los malos.
—Yunho —dije tímidamente—, ¿me permitirías un... un pequeño capricho?
Él sonrió. Extendió las manos hacia mí y juntó los lados de la camisa, y luego me acarició el pelo con el dorso de los dedos.
—Da igual lo grande que sea —dijo—. Cuéntame qué es lo que quieres.
—Tengo la impresión de que si fuéramos al dormitorio ahora mismo, y probáramos a hacer algunas cosas, yo... yo podría aguantarlo con tal que lo hicieses muy despacio.
Su mano se detuvo.
— ¿Y si tienes otra vivencia del pasado?
—No creo que me afectara tanto como aquella noche, porque ahora te lo he contado todo y sé que entiendes mi problema. Así que siempre puedo decírtelo si noto que empieza a venirme el miedo.
Él me miró en silencio.
— ¿Confias en mí, Jae? —murmuró finalmente.
Sentí un enjambre de nervios en el estómago, pero no me inmuté.
Sin otra palabra más, Yunho me levantó de su regazo, me puso los pies en el suelo y me siguió al dormitorio.
Yo tenía una vieja cama de latón, uno de esos modelos antiguos que pesan una tonelada y no se mueven un centímetro por muchas vueltas que des en ellos. Las sábanas eran de lino crema, y las almohadas estaban hechas con encajes tomados de antiguos vestidos de boda. En el entorno de mi dormitorio, Yunho parecía aún más grande y masculino que de costumbre.
Un acto tan normal, dos personas que van a acostarse en la misma cama. Pero para mí estaba investido de demasiado significado, demasiada emoción, demasiado todo.
El aire acondicionado refrescaba el ambiente, los encajes de las almohadas temblando suavemente como alas de mariposa bajo las aspas del ventilador de techo. Una antigua lámpara victoriana derramaba su luz ambarina sobre la cama.
Traté de comportarme con la mayor serenidad, sentándome en la cama y soltando los zapatos. Pensé que ojalá no estuviera tan sobrio. Una copa de vino habría ayudado a relajarme un poco. Quizá no fuera demasiado tarde. Quizá debería sugerir...
Yunho se sentó a mi lado, extendió la mano hacia mi pie y acabó de ayudarme. Me apretó el pie descalzo y pasó el pulgar por el arco antes de quitarme la otra sandalia. Luego me rodeó con un brazo, y me inclinó lentamente hacia atrás hasta que quedamos tendidos sobre la cama.
Esperé con todo el cuerpo en tensión a que él empezara. Pero se limitó a tenerme abrazado, calentándome con su cuerpo, un brazo alrededor de mi cuello. Una de sus manos bajó por mi espalda y llegó hasta la cintura y las caderas, para luego subir lentamente hasta la curva de mi cuello, acariciándome lentamente, como si yo fuera un animalito asustadizo al que había que calmar. Y continuó así hasta que los preliminares hubieron durado más tiempo que ninguno de los actos sexuales que yo había practicado con Siwon.
Entonces habló con los labios junto a mi pelo.
—Quiero que entiendas que no corres ningún peligro. No voy a hacerte ningún daño. Y si hago algo que tú no quieres que haga, o empiezas a sentirte asustado, pararé. No voy a perder el control. —Me encogí cuando sentí un tirón en la parte delantera de mis vaqueros y oí cómo el cierre era abierto—. Sólo voy a averiguar qué es lo que te gusta.
Tensé los dedos sobre su camiseta cuando las manos de él se aventuraron bajo la cinturilla aflojada de mis vaqueros.
—Yo también quiero averiguar qué es lo que te gusta.
—A mí me gusta todo, querido —susurró él, al tiempo que iba desnudándome con tanto cuidado como si estuviera quitando un vendaje—. Soy muy fácil de complacer, ya te lo he dicho.
Sentí su aliento como una deliciosa quemadura en la piel cuando pasó los labios por encima de mi cuello y mi pecho. Sabía lo que se hacía, y se tomó su tiempo.
—Relájate —murmuró mientras deslizaba los dedos por mis miembros agarrotados por la tensión.
Tiré de su camiseta, tratando de sacársela. Él me ayudó, apartando la delgada capa de algodón y lanzándola al suelo. Su piel brillaba con un tenue resplandor canela sobre el blanco antiguo de las sábanas de lino. Le rodeé el cuello con los brazos y lo besé con un jadeo ahogado.
Yunho me acarició y me exploró como si estuviera descubriendo hasta el último detalle de mi cuerpo. Comprendí que estaba jugueteando conmigo, levantándome y dándome la vuelta, dejando caer besos en sitios inesperados. Era tan fuerte, su cuerpo hermoso y ágil bajo la tenue luz de la lámpara victoriana. Me puse encima de él y pasé la nariz y la barbilla por la suavidad de su pectoral. Bajé los dedos hasta su estómago, donde la piel era delicada como satén extendido sobre franjas musculares. Y más abajo, hasta la cintura de sus vaqueros… y todavía más abajo, hasta esa parte de él que tan nervioso me ponía.
Pendiente de mi expresión, Yunho se recostó sobre la cama Y dejó que lo explorase a placer. Lo toqué por encima de sus vaqueros, resiguiendo los contornos de su erección con unos dedos que habían empezado a temblar. Su respiración se volvió entrecortada, y sentí lo difícil que le resultaba refrenarse. Mis dedos fueron hacia la base de su miembro, donde la carne se había apretado hasta quedar rígida, y lo oí gruñir tenuemente. Un dardo de excitación me atravesó el cuerpo cuando comprendí lo mucho que le gustaba que le hiciera aquello, y repetí el gesto, pasando la palma por la tensa tela de sus vaqueros.
Una mezcla de risa y gemido se le escapó de los labios.
—Intentas torturarme, ¿verdad?
Negué con la cabeza.
—Sólo intento aprenderte.
Él me atrajo hacia su pecho, guió mi cabeza hasta la suya y me dio otro de aquellos besos insaciables, hasta que estuve subiendo y bajando al compás de su respiración como si flotara entre olas. Luego bajó las manos hacia los vaqueros y se los desabrochó.
Titubeé y luego bajé la mano para rodearle el miembro. Enseguida me quedó claro que aquella parte de su cuerpo estaba proporcionada al resto. Era, como habría dicho Seung, todo un pedazo de tío. Pero en lugar de acoger el descubrimiento con un aleluya, lo que hice fue torcer el gesto.
—Tal vez seas demasiado para mí —dije con voz dubitativa—. Ojalá pudiera empezar por algo más pequeño e ir subiendo por la escala poco a poco.
—Me temo que en eso no podré ayudarte, cariño —dijo él con voz ronca—. Este modelo no está disponible en formato compacto. —Me giró y sentí su boca por toda mi espalda, besándola y mordisqueándola suavemente a lo largo de la columna vertebral. Pero entonces me quedé rígido cuando recordé que Siwon solía tomarme por atrás. Ésa siempre había sido su posición favorita. Mi excitación se evaporó de golpe, y un sudor frío me perló la piel.
Yunho me hizo girar con delicadeza hasta tenerme de cara a él.
— ¿Asustado? —murmuró, al tiempo que me pasaba la mano por el brazo.
Asentí con una mezcla de derrota y frustración.
—Supongo que esa postura, contigo detrás, me recuerda demasiado a... —Me callé, preguntándome si alguna vez conseguiría sacarme de la cabeza a Siwon, si llegaría a olvidar lo que me había hecho. Los malos recuerdos habían pasado a formar parte intrínseca de mi cuerpo, y los llevaba entretejidos en cada nervio. Siwon me había frustrado para siempre.
Yunho siguió acariciándome el brazo. Ahora había una nueva distancia en su mirada, como si estuviera dándole vueltas a algo en la cabeza. Comprendí que estaba pensando la mejor manera de tratarme, cómo salvar mis defensas, y eso me hizo sentir avergonzado y receloso al mismo tiempo.
Su mano se apartó de mi brazo para ir hacia mi pecho, y sus dedos describieron lentos círculos en torno a aquel pecho que Siwon solía despreciar.
Maldición. Estaba claro que no iba a haber manera de que volviera a experimentar aquellas sensaciones tan deliciosas de hacía sólo unos instantes. No podía dejar de pensar en mi ex marido, o en mi incapacidad para disfrutar del sexo.
—Me temo que esto no me está funcionando —logré murmurar finalmente—. Quizá deberíamos...
—Cierra los ojos —murmuró él—. Estate quietecito.
Obedecí, apretando las manos junto a los costados. La lámpara proyectaba un tenue resplandor anaranjado a través de mis párpados. La boca de Yunho descendió por mi cuerpo, dejando un reguero de besos hasta mi estómago. Su lengua se deslizó en la diminuta hondonada del ombligo, y me moví nerviosamente en respuesta al contacto. Yunho me puso la mano en la rodilla.
—Tranquilo —volvió a susurrar. Su boca siguió bajando lentamente hasta llegar a un punto que hizo que los ojos se me abrieran de golpe. Me estremecí y le empujé la cabeza con las manos.
—Para —jadeé—. Ya está bien, no puedo... —Me había ruborizado y no conseguía dejar de temblar.
Yunho levantó la cabeza, y la suave luz ambarina de la lámpara se deslizó sobre su pelo como una caricia líquida.
— ¿Te estoy haciendo daño?
—No.
Me puso la mano sobre el vientre y la movió en un lento y cálido círculo.
— ¿Te he asustado, cariño?
—No; es sólo que... Verás, resulta que es la primera vez que hago esto. — Siwon nunca había mostrado el menor interés por ninguna actividad sexual que pudiera aumentar mi placer en detrimento del suyo.
Yunho contempló mi rostro arrebolado. Un nuevo destello que yo no había visto nunca apareció en sus ojos.
— ¿No te apetece probarlo? —musitó.
—Bueno..., algún día de éstos, sí, supongo que sí. Pero primero me gustaría ir pasito a pasito. Creo que debería acostumbrarme a los procedimientos habituales antes de pasar a la fase avanzada... —Solté un gritito cuando él volvió a inclinarse sobre mí—. ¿Qué estás haciendo?
—Bueno, pues vete pensando un plan para ir por pasos —dijo en voz baja—. Avísame cuando acabes de ajustar los últimos detalles. Mientras tanto... —Rio suavemente, divertido por mi apuro.
No cabía duda: me había ido a la cama con el mismísimo demonio.
Volví a chillar cuando vi que ponía las manos sobre mis muslos y los separaba.
—Dame unos minutos —dijo con voz persuasiva.
—No se trata de un punto negociable.
— ¿Por qué no?
—Porque... —me retorcí nerviosamente y respiré hondo— porque estoy que me muero de vergüenza. Yo... No, Yunho, hablo en serio, esto es... —Me quedé en blanco cuando lo sentí lamer aquel mi miembro, tremendamente vulnerable. Conseguí empujarle la cabeza con la mano, pero no había forma de que se apartara—. Yunho...
Volví a intentarlo, pero sus delicados lametones pudieron más que mi entumecimiento, y el placer que sentí en ese momento fue tan intenso que por unos segundos fui incapaz de pensar o de moverme. Yunho siguió martirizándome, utilizando la punta de la lengua, y luego respiró suavemente, esparciendo su aliento sobre la piel lubricada. El corazón me latía tan deprisa que apenas oí su susurro burlón a través del pulso que sentía retumbar en las sienes.
— ¿Todavía quieres que pare, Jae?
Yo tenía los ojos llorosos. Era como estar atrapado en una telaraña de placer, suspendido en un vacío estremecido que no llegaba a bastarme.
—No —susurré—. No pares. —Me sorprendió la forma en que sonó mi voz, tan gutural.
Y me quedé todavía más sorprendido por el grito que se me escapó cuando él deslizó un dedo en mi entrada, y luego añadió un segundo dedo, tensando delicadamente aquella blandura, mientras sus labios exploraban mi miembro. La sensación fue devastadora, y subí las caderas para volver a dejarlas caer un instante después. Pero el clímax se negaba a dejarse atrapar, y se me escurría entre los dedos cuando ya creía tenerlo.
—No puedo —gemí—. No logro...
—Claro que puedes. Lo único que tienes que hacer es dejar de obstinarte tanto.
—Pero es que no puedo...
Entonces sus malvados dedos iniciaron un lento movimiento de entrada y salida. Prorrumpí en sollozos cuando algo creció vertiginosamente en mi interior, como si la carne se me rasgara por dentro y luego volviera a unirse de golpe. Los dedos de Yunho profundizaron un poco más. Su lengua iba y venía rítmicamente, y su boca... su boca... De súbito fue como si una riada incontenible se desbordara en mi interior, con cada latido, cada respiración y cada impulso astutamente guiados hacia un estallido de convulsiones. Arqueé el cuerpo bajo la abrumadora presión de aquel placer tan intenso, mis manos crispadas en torno a la cabeza de Yunho.
Él metió los dedos lo más adentro posible y su lengua describió un círculo para atrapar las últimas sacudidas del clímax. Cuando su delicioso contacto me fue retirado, gimoteé y extendí las manos para apremiarlo a que se me pusiera encima. Él me tendió sobre el costado y me rodeó con los brazos, y besó las huellas de lágrimas que había en las comisuras de mis ojos.
Nos quedamos inmóviles durante unos segundos, mis pies descalzos entre los suyos, su mano una suave calidez encima de mi trasero. Sentí el anhelo agazapado bajo la inmovilidad de Yunho, como esa calma engañosa que reina en los rodeos por unos momentos antes de que el animal salga disparado del recinto en una frenética acometida. Mi mano fue lentamente hacia la cintura de sus vaqueros desabrochados.
—Quítatelos —susurré.
Yunho sacudió la cabeza, la respiración aún entrecortada.
—Ya está bien por una noche. Dejémoslo ahora que todavía estamos a tiempo.
— ¿Dejarlo? —Me quedé atónito—. No, de eso ni hablar. —Le besé el pecho, embelesado por la firme textura masculina de su piel y el roce en mis labios—. Si no me haces el amor, Jung Yunho, nunca te lo perdonaré.
—Te he hecho el amor.
—Hasta el final —insistí.
—Todavía no estás preparado para eso.
Cerré la mano alrededor de su miembro y pasé los dedos por la sedosa longitud de aquel miembro duro como el hierro.
—No puedes dejarme así—le espeté—. Eso sería terrible para mi autoestima.
Le pasé la yema del pulgar por el glande, describiendo lentos círculos que no tardaron en hacer que se humedeciera. Un gemido ahogado escapó de sus labios y apretó la boca contra mi pelo. Luego bajó la mano y me apartó los dedos. Pensé que iba a decirme que parara, pero murmuró:
—Tengo la cartera en la cocina. Iré a cogerlo.
Entendí a qué se refería.
—No hace falta que usemos preservativo. Me estoy cuidando.
Él levantó la cabeza y me miró. Yo me encogí de hombros, sintiéndome un poco incómodo.
—Siwon no quería que yo tomara anticonceptivos, así que el tomarlos acabó convirtiéndose en una forma de demostrarme a mí mismo que podía salirme con la mía en algo. Me siento más dueño de la situación... más seguro... cuando tomo la píldora. Y el ginecólogo me ha dicho que puedo tomarla sin ningún temor. Así que no me la salto ningún día. Estaremos del todo a cubierto, créeme. Incluso si no utilizamos ningún otro tipo de protección.
Yunho se incorporó en la cama, apoyó el peso sobre un codo y me miró desde arriba.
—Nunca lo he hecho sin preservativo.
— ¿Nunca? —me asombré.
Él sacudió la cabeza.
—No quería arriesgarme a un posible embarazo. No quería tener que hacer frente a esa responsabilidad. Siempre me he jurado que, si llegaba a tener hijos, no me olvidaría de ellos como hizo mi padre.
— ¿Nunca has estado con ningun hombre que se cuidara?
—Incluso entonces, siempre me ponía un preservativo. Nunca he sido partidario del método fíate-de-él.
Algunos hombres quizá se habrían sentido ofendidos al oír aquello, pero yo entendía muy bien cuán delicado era depositar tu confianza en otra persona.
—Me parece muy bien —dije, al tiempo que me estiraba para besarle la barbilla—. Hagámoslo a tu manera.
Sin embargo, Yunho no se movió. Siguió mirándome con aquellos ojos tan vívidos, y sentí que algo íntimo y visceral florecía entre nosotros, una sensación de estar unidos por un vínculo intangible que me resultó un poco alarmante. Era como si todos los ritmos de ambos cuerpos acabaran de sincronizarse con un metrónomo invisible.
—Tú me otorgaste tu confianza —dijo —. Lo menos que puedo hacer es confiar en ti.
Me tendí boca arriba y empecé a respirar más deprisa, y a él le sucedió lo mismo.
Se apretó contra mí. Sus movimientos no podían ser más tiernos y delicados, pero aun así yo no podía evitar sentir el poderío y el peso de su cuerpo, y me tensé. Yunho empezó a moverse con más ímpetu hasta que ambos sentimos la suave tensión de la carne, y la suavidad fue reemplazada por la dureza. Yo, acogiéndolo en mi interior, abriéndome a él. Sus ojos café adquirieron una expresión adormilada, súbitamente velados por el placer, y sus pestañas proyectaron tenues sombras oscuras sobre sus mejillas. Yunho fue entrando en mí centímetro a centímetro, siempre muy despacio y dándome tiempo para ir adaptándome a su presencia, para que me fuera posible  dar acomodo a aquella poderosa invasión. Giré la cara hacia su brazo, la mejilla apretada contra sus músculos. Cuando pensaba que ya no me quedaba más espacio disponible, Yunho me hizo subir las rodillas y las separó un poco, y luego entró un poco más. Húmedo y apretado, mi entrada lo recibió en una lúbrica acogida. Vi cómo el deseo era sustituido por la preocupación en su rostro. Me encantó la forma en que me miraba, como si quisiera comerme con los ojos.
Me removí, un poco incómodo con toda aquella virilidad dentro de mí, y Yunho se estremecióy murmuró:
—Oh, Dios, por favor, no te muevas Jae, por favor...
— ¿Te gusta? —susurré.
Él sacudió la cabeza mientras trataba de respirar. Había enrojecido tanto que por un momento pensé que tenía fiebre.
— ¿No? —pregunté.
—Hace media hora ya me gustaba —jadeó, la voz tan pastosa como si acabara de tomarse diez chupitos de tequila—. Quince minutos después de eso pensé que iba a morir de gusto, y ahora... Bueno, yo diría que estoy teniendo un infarto.
Sonreí, atraje su cabeza hacia la mía y susurré:
— ¿Qué se supone que viene cuando hayas acabado de tener el infarto?
—No estoy seguro. —Con un jadeo sibilante, dejó caer la cabeza sobre la almohada a mi lado—. Diablos —dijo con desesperación—, no sé si voy a poder aguantarme.
Le pasé las manos por los costados, la espalda, los músculos tensos.
—No te aguantes.
Él empezó a moverse con un ritmo lento y mesurado, extrayendo placer de aquel canal íntimo que literalmente nos unía. Una de sus acometidas dio en un punto extremadamente sensible, allá en lo más profundo de mi entrada, y al mismo tiempo su cuerpo se apretó contra la parte delantera del mío justo en el ángulo adecuado. Un tintineo de puro deleite me recorrió de arriba abajo. Solté un grito de sorpresa e hinqué los dedos en sus caderas.
Él levantó la cabeza y les sonrió a los ojos muy abiertos con que lo estaba contemplando.
— ¿He dado con el décimo de la suerte? —susurró, y luego lo hizo de nuevo, y una vez más, para mi bochorno, no pude estarme quieto, y los gemidos me subieron por la garganta hasta que mis caderas se estremecieron contra las suyas.
Esta vez los espasmos no fueron tan intensos, pero sí prolongados y lentos, y los músculos de mi entrada no dejaron de tirar del miembro de Yunho hasta que eyaculó. Él amortiguó los sonidosde placer contra mi boca, y me besó y besó y besó, parando sólo cuando ambos estuvimos completamente agotados y sin aire.
Después de eso me entró una somnolencia irresistible. Pasé un rato adormilado, con el miembro de Yunho todavía dentro, y descubrí que dormir tras haber practicado el sexo era casi mejor que el sexo en sí. Finalmente desperté con su miembro tieso todavía en mi interior, no moviéndose sino como incrustado, y sus manos parecían estar por todas partes al mismo tiempo, acariciándome y dándome masaje. Me quedé acostado de lado, una pierna pasada por encima de su cadera. Quería que él se moviera, lo necesitaba, pero me mantuvo empalado e inmóvil. Le apreté el bíceps, el hombro, tratando de que se pusiera encima de mí. Él no se dio por enterado, dejando que me debatiera como una mariposa clavada en un alfiler.
—Yunho... —musité, bañado en sudor—. Por favor...
— ¿Por favor qué? —Me lamió la boca, primero el labio superior y luego el inferior.
Me mecí contra él y liberé mi boca el tiempo suficiente para decir con un jadeo entrecortado:
—Ya lo sabes.
Él me besó el cuello. Sentí la curva de su sonrisa. Sí, claro que lo sabía. Pero siguió manteniéndome apretado contra su cuerpo mientras yo tensaba los músculos, buscando aquel intenso palpitar que sentía latir en su miembro. Finalmente respondió a mis esfuerzos con un suave empujón de caderas, más la sugerencia de un movimiento que una cadencia propiamente dicha. Pero bastó. Me impulsó más allá del punto decisivo, haciendo que me contrajera para capturar la sensación, y me corrí en una serie de estremecimientos. Yunho volvió a embestirme con las caderas y luego se mantuvo inmóvil en esa postura, colmándome de un delicioso calor.
Siguió besándome después del clímax, sus labios absortos en un tierno vagabundeo mientras sus dedos recorrían mi barbilla, mis mejillas y mi cuello. Pasado un rato me hizo levantar de la cama y me llevó a la ducha. Sintiéndome como drogado, me apoyé en él mientras me lavaba. Sus manos me enjabonaron con una inmensa delicadeza, y luego me quitaron el jabón con ayuda del agua. Resbaladiza y velada en vapor, apoyé la mejilla en su duro pecho. Él bajó la mano y metió dos dedos en mi interior. Yo aún lo un poco dolorido, pero la sensación resultó tan deliciosa que no pude evitar adelantar las caderas. Una especie de gorjeo vibró en la garganta de Yunho, y su pulgar giró delicadamente alrededor de mi miembro. Con suma habilidad, me llevó a otro clímax, mientras el chorro de agua caliente corría por mi cuerpo y su boca devoraba la mía.
Apenas me enteré de que me secaba y volvía a llevarme a la cama, y lo único que supe fue que estaba conciliando el sueño con la sólida presencia de Yunho a mi lado.
Pero un rato después desperté de una pesadilla, mi cuerpo alarmado por la certidumbre de que había un hombre dormido junto a mí. Di un respingo y por un momento pensé que estaba con Siwon, que no había logrado escapar después de todo. Entonces hubo un movimiento a mi lado, un cuerpo masculino que cambiaba de postura, y tragué aire con un jadeo ahogado.
—Jae —murmuró una voz grave. Oírla me calmó de golpe—. ¿Has tenido una pesadilla? — Su voz, opacada por el sueño, era suave como el terciopelo.
—Ajá.
La palma de su mano describió un círculo sobre mi pecho para calmar mi corazón desbocado.
Suspiré, y me quedé quieto entre sus brazos. Yunho bajó hacia mi pecho para besar los pezones erectos. Le rodeé la cabeza con los brazos, su pelo un suave cosquilleo en mis muñecas. Su boca siguió bajando lentamente por mi cuerpo. Doblé las rodillas, y sentí que sus manos me rodeaban los tobillos como dos cálidos grilletes Incluso en la oscuridad del dormitorio, podía ver la anchura de sus hombros y la silueta de su cabeza, anclada entre mis muslos. Me lamió sin ninguna prisa, saciándome de placer hasta que volví a temblar en una larga serie de estremecimientos.
Y cuando me quedé dormido, esta vez no hubo malos sueños.

17 comentarios:

  1. aaaaaaaaaaaaaaaaah no es un amor yunho le esta tratando con cariño y mucho amor así quien no se olvida de los horribles traumas que tenia
    yunho es un muy buen terapeuta yo quiero uno así los amo
    a ese par de calenturientos :)

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  2. wow que bueno que hayas actualizado .... muchas gracias :) no lo esperaba tan pronto estoy que salto de felicidad ....

    Yunho que lindo, de verdad esta tratando de ayudar a Jae con su mala experiencia.... y al parecer poco a poco Jae esta comenzando a dejar atras sus experiencias traumaticas.
    Ahora solo esta en Jae aceptar en su vida a Yunho para que lo ayude y lo ame

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  3. Oh mi dios! Yunho fue tan dulce y paciente, la forma en que trató a Jaejoong fue lo que lo hizo bajar las defensas del mismo, el simple hecho de procurar el placer de su pareja marcó totalmente la diferencia entre él y siwon. Muy hot este capítulo

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  4. wow hermoso capitulo
    al fin jae le conto todo a yunho, y yunho tan lindo con mucho amor y delicadezq le esta ayudando a sobreponerse de la pesadilla horrible que vivio
    en verdad yunho ama a jae y eso ya se lo demostro
    que lindos los dos
    gracias x l actua

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  5. Awwwwwwww Yunho es un amor!!!!!!!

    Me encanto la forma en como lo trató, como lo hizo disfrutar del encuentro!!!

    Solo una peticion... Yunho me podria tratar asi tambien? xDD

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  6. owwww al fin los dos juntos y revueltos
    gracias por el capi continuare leyendo m,m

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  7. Esta que paso!! Wa yunho fue tan tierno y lindo enserio se ve que esta que vuela por Jae gracias d subir el fic ^^

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  8. OMG! (*w*) que lindo capitulo!!
    Yunho es un amor! fue tan tierno , amoroso y paciente.. yo quiero uno igual! XD!
    Me alegro mucho por jaejoong :3

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  9. Woooo Como lo pude dejar a media eata historia
    Yunho a sido una gran ayuda para que pueda olvidar el doloroso pasado hahah XD
    creo que al final le acabara gustando a Jae <3

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  10. Al final resultó efectivo el método de Yunho XD

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  11. kyaaaaaaa lo hicieron al fin! Y Jae pudo superar esa etapa :3 Yunho le ayudo en todo momento con cariño y ternura....

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  12. Por fin Jae va olvidándose de sus fantasmas. Espero ya no tengan problemas

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  13. ayyyy ,tan dulces. están tan enamorados. y Yunho es tan gentil y tierno con Jae.
    cómo es que no se dan cuenta del amor que se tienen??? son perfectos juntos.
    amé la paciencia y delicadeza que Yunho puso en hacerle el amor a un traumatizado Jae.
    amé este capítulo. muchas gracias

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  14. Estuvo sublime este capítulo...El sexo puede ser romántico y curativo... Eso nos enseñó Yunho...Me encantó cómo se comporto.....

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  15. Ohhh se me eriza la piel Yunho tan hermoso y cariñoso,,,,gracias

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  16. Cuantos hechos traumaticos para ambos, de diferentes maneras pero traumaticos, pero ambos lo han y están superando poco a poco. Que lindo es Yunho, ahora les falta ir por sus cosas de Jae, sobre todo por su pulsera.

    Gracias!!! 💗💕💞

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